jueves, 1 de mayo de 2014
Bajo el mar
A diferencia de lo que se cree, y lo que se deduce al ver a un submarinista a 40 metros de profundidad, ésta no es una práctica peligrosa. Claro, que todo en su justa medida. Debes tener un carné para poder utilizar botellas de oxígeno, para conocer todos los riesgos que el sumergirse en el mar conlleva. Tales como la compresión y descompresión en el cuerpo, que te podría estallar el pulmón o los oídos si no sabes aplicarlos. Para sacarse el carné de submarinista debes realizar unas pruebas físicas, pruebas que te dejarán para el arrastre. Si las apruebas, empezarás a ir a unas clases sobre inmersiones para aprender y poner en práctica por ejemplo habilidades como antes escritas sobre la compresión y descompresión, dos horas diarias durante dos semanas para prepararte ante un examen.
La afición me vino ya desde pequeño, que era un estusiasta de los bichejos en general. Vamos, era el típico crío que le gustaba atrapar ranas y animalillos del estilo siempre que iba a algún entorno natural. Me gustaba tanto el monte como el mar (y todavía), y poco a poco con el tiempo, lo fui llevando a más. A los 14 años más o menos, empecé a mostar más atención en lo referente al mar, y me animé a practicar ¨snorkel¨ o simplemente, bucear con tubo y aletas. Me encantó dar ese salto a bucear y poder ver ese tipo de ecosistema, con sorpresas en cada grieta o tras cada alga.
Así pues, me fui aventurando en ese mundo subacuático cada vez más, hasta que un día, con una edad apropiada ya, se me presentó la oportunidad de poder sacarme el carné de submarinista. Oportunidad que obviamente no dejé escapar y aproveché entusiasmado hace dos años.
Hoy en día, tengo el menisco fracturado y no me atrevo a sumergirme con botellas de oxígeno, no vaya a ser que se me atasque la pierna ahí abajo. Aun así, aunque no pueda usar las botellas de oxígeno, sigo buceando sin ellas. Aletas, tubo, neopreno y gafas son la única solución que me queda ante esta pierna de mantequilla.
Ah, se me olvidaba comentar que a mis 18 años todavía no he madurado lo suficiente y sigo atrapando lo que se me pase por la frente en el mar. Claro que, sacando una foto y soltándolo de nuevo.
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